Deporte: magia, poesía y heroísmo
- Bernal Arce

- 24 sept 2025
- 5 Min. de lectura
¡Bienvenidos al Ku Klux Klan!
Jacques Sagot
¿Racismo en el fútbol nacional? ¿Qué hay de nuevo en ello? Siempre lo hubo. Y antes era más amenazador y visceral.
La negritud empieza a integrarse plenamente a nuestro fútbol a partir de la década de los sesenta, con figuras como WallyVaughns y Errol Daniels. Todavía en la época de “los chaparritos de oro”, en los cincuenta, el jugador afro-descendiente era considerado rara avis in terra.
En este punto vamos cuarenta años a la zaga de Brasil. En 1922 el Vasco da Gama admitió por fin jugadores no caucásicos en su plantel. Fue el primer equipo latinoamericano en hacerlo. Antes, los jugadores de origen africano tenían que teñirse las caras con harina de arroz, “blanquearse” a fin de poder participar en la liga. Imagínense ustedes de lo que Brasil se hubiera perdido, de seguir con tal mentalidad: Pelé, Garrincha, Didí, Djalma Santos, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho… Jamás habrían ganado ni un mundial de cromos.
Pero aun así hay psicópatas, seres llenos de sordos rencores, devorados desde dentro por sus propios demonios, que persisten en ensuciar nuestro fútbol. Lo que la afición del estadio Eladio Rosabal Cordero le infligió durante años a Waylon Francis cada vez que jugaba en esta sucursal del Ku Klux Klan es, el sentido más puro del término, un crimen contra la humanidad (ello por mencionar tan solo un ejemplo, pues el racismo ha extendido sus tentáculos sobre todos los estadios del territorio nacional). ¿Que no conviene generalizar? Por supuesto que se trata de un puñado de vándalos, no de la noble feligresía de cada estadio en cuestión. ¡Pero es que a la noble feligresía le corresponde, como deber cívico, protestar masivamente, boicotear su propio recinto, si fuese el caso, a fin de evitar que tales genocidios verbales sigan repitiéndose!
Limón es la cantera de jugadores que más gloria nos ha deparado. Participó en nuestro primer campeonato, en 1921, y así ha sobrevivido en torneos recientes, a menudo luchando gallardamente por no descender del antepenúltimo lugar, con futbolistas a los que se les deben tres meses de salario, y un técnico que, a pesar de ello, cultiva heroicamente un estiloofensivo, y se niega a acogerse al pseudo-catenaccio criollo que otros, con mucho mejores planillas, practican. Y ello en el misérrimo estadio Juan Gobán, galerón para 3 500 espectadores y una gramilla infame. ¡Adelante, compañeros, no aflojen!
Amigos: ¿será posible que Joe Louis en el boxeo, Jackie Robinson en el béisbol, Jesse Owens en el atletismo, Martin Luther King en el terreno de los derechos ciudadanos, SidneyPoitier en el sétimo arte, Louis Armstrong en el campo de la música, hayan todos vivido y muerto en vano?
Este es un punto que ya he mencionado, pero al que regreso, tal es su coeficiente de crueldad y de saña. El Ajax (el equipo de Johan Cruyff)tenía una torcida integrada sobre todo por los residentes del barrio judío de Amsterdam (es por eso que en la bandera del equipo vemos un perfil de héroe griego sobre el que figura, sobrepuesta, una cruz de David). Cruyff era judío, e igualmente lo eran la mayoría de los integrantes de este cuadrazo, allá entre los años 1968 y 1975. Pues bien (esto es algo que cuesta creer), las barras adversarias les gritaban: “¡Hamas, Hamas, judíos al gassssss!” Y prolongaban la “S” para que el estadio entero se llenara del siniestro, gélido bisbiseo del gas saliendo por los conductos en las cámaras de exterminio. Comenzó por ser óxido de carbono, pero un monstruo llamado Joseph Mengele, en Auschwitz Birkenau “agilizó” el procedimiento, utilizando cianuro gaseoso, un producto llamado Zyklon B, de su propia invención. Además, Mengele (conocido como “El Doctor Muerte”)era el encargado de escoger quiénes iban, cada día, a las cámaras de gas. Lo hacía silbando, y con las manos cruzadas en la espalda. ¡Y resulta que todavía en 1975 se oían estos cánticos en el Estadio del Ajax! Fue, de hecho, una de las razones por las que Cruyff abandonó al equipo y se trasladó al Barcelona, donde siguió brillando como la supernova que siempre fue. Pero amigos, amigas, cuando el estadio entero del Ajax se llenaba de esa escalofriante sibilancia: “¡sssssss!” daban ganas de desertar el recinto y nunca más volver. ¡Y no estamos hablando de 1938, sino de ayer: 1975!
Por cierto, Mengele escapó a la persecución después de la derrota nazi, vivió en la opulencia, y murió impune, pacífica e idílicamente, mientras nadaba en una hermosísima playa privada cerca de Ipanema, Brasil. Hermana Justicia: ¿dónde estás, que te invoco una y otra vez, y no compareces a mi llamado? ¿Por qué te ausentas y eclipsas sin dejar el menor rastro en el mundo de los humanos?
La FIFA ha implementado y endurecido las sanciones contra el racismo, y sería profundamente injusto negar el progreso que hemos podido constatar en este punto, peliagudo si alguna vez lo hubo. Pero el hecho es que el racismo sigue mostrando su espernible cabeza de Hidra de Lerna en casi todos los recintos futbolísticos del mundo. Cada vez que le cortamos una cabeza al monstruo, otras vuelven a brotar y se torna doblemente execrable. Lo que estoy señalando no es en lo absoluto privativo del estadio Rosabal Cordero (me apresuro a aclarar). He sido testigo presencial de abominaciones racistas en los estadios FelloMeza, Ricardo Saprissa y en el Alejandro Morera Soto. Tan pronto los cobardes se disuelven entre la muchedumbre, comienzan a espetar denuestos racistas. Y lo hacen, además, con una creatividad, un ingenio, una capacidad metafórica que se la desearan muchos poetas para el más luminoso de sus días.
Las manifestaciones racistas en nuestros estadios no llegan a menudo a la verbalización: se limitan a gemidos y rugidos simiescos, con lo cual se establece una analogía perversa entre los jugadores negros y los monos o las fieras de la jungla. Con mucho menos que esto un estadio debería ser vetado durante varias fechas, y las barras que cultiven estas abyectas prácticas castigadas con la prohibición del ingreso a las canchas. Este tipo de conducta no debe únicamente ser elevada a la FIFA, sino llevada a la comisión anti-racismo de la ONU: esa es la instancia de autoridad que debería ocuparse de tales patologías sociales. Y si por ello somos castigados con la suspensión de nuestro pinche campeonatillo durante un año entero, me cuento entre los que celebrarían tal decisión. Es unamedida que ha sido ya tomada en otras naciones, y no estamos nosotros ni un milímetro por encima de ellas.
Cuando un espectador agrede a un jugador con escupitajos racistas, debería preguntarse, ¿qué es, en el fondo de su corazón, lo que odia tan enconadamente? ¿Cuál es el verdadero objeto de su inquina? Pálpese el alma, busque las tumoraciones y verrugas, hágalas examinar, sométalas a la biopsia de la autocrítica, y después hablamos






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