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Deporte: magia, poesía y heroísmo

Alí Babá juega al fútbol


Jacques Sagot



Estamos en el campeonato mundial de fútbol España 1982.  Se enfrentan en el estadio José Zorrilla, de Valladolid, las selecciones de Francia y Kuwait.  Los galos van arriba por marcador de 3-1, con goles de Bernard Genghini, Michel Platini y Didier Six.  Cae el cuarto gol, anotado por el extraordinario mediocampista Alain Giresse.  El árbitro soviético Miroslav Stupar da el gol por válido y la pelota vuelve al centro del terreno.  Todo parece normal y no hay novedad en el frente de batalla.  Sin embargo, para asombro de todo el planeta, ingresa en la cancha, abriéndose paso por entre el personal de seguridad, un personaje anacrónico, salido de Las Mil y Una Noches.  Es el presidente de la Federación Kuwaití de Fútbol, Fahid Al-Ahmad Al-Yaber Al-Sabah, con su mayestático turbante y su thawb.  Se entrevista en secreto conciliábulo con el árbitro Stupar, que para estupor del mundo entero vuelve sobre su decisión y anula el gol.  Dios sabrá cuántos millones de petrodólares le fueron ofrecidos por tomar esa decisión.


Así que Stupar – Estupor dejó al mundo entero patidifuso con su súbito cambio de parecer.  Todo, en ese incidente, fue irregular.  Hubo invasión del terreno de juego; anulación de un gol perfectamente diáfano; inexplicable retractación de una decisión arbitral ya tomada; pasividad del juez del partido, quien jamás debió haber permitido la entrada de Fahid Al-Ahmad Al-Yaber Al-Sabah a la gramilla; impavidez de los guardas de seguridad…  Posiblemente todos ellos fueron también “expresivamente” compensados por hacerse los tontos y permitir aquel vaudeville mundialista, transmitido en vivo al planeta entero.  Un verdadero carnaval de transgresiones y atípicas formas de conducta.  Una visión surrealista digna de Dalí, tal vez también de Ionesco y sin duda de Monty Python.


El partido estuvo suspendido durante más de diez minutos.  Todo el mundo parecía desconcertado.  Los locutores costarricenses (en cuenta nuestro querido Pilo Obando) no sabían qué decir, qué comentar, qué datos proporcionar a los televidentes a fin de hacerlos salir de su estupefacción. 

Finalmente, el espigado defensa central Maxime Bossis marcó el cuarto gol francés, después de formidable acción por la punta izquierda y definiendo por entre las piernas del arquero kuwaití, y la justa terminó con marcador de 4-1.  La FIFA sancionó a Stupar prohibiéndole dirigir encuentros internacionales, y limitándolo a los partidos domésticos jugados en la URSS.  El jeque kuwaití, que era hijo del Emir y soberano de su país durante veintinueve años, moriría heroicamente en la Guerra del Golfo Pérsico, el 2 de agosto de 1990, haciéndole frente a las invasoras tropas de Sadam Hussein.  Perteneció a la monárquica Casa de Sabah: era el noveno vástago de Ahmad Al-Yaber Al-Sabah. Fue militar y dirigente deportivo.  Después de la muerte de su padre estaba destinado a ocupar el trono de Kuwait.  Podemos reír de su heterodoxo gesto durante el mundial España 1982, pero noblesse oblige: era un granpatriota y un guerrero ejemplar.  Ahora todo es historia, una anécdota que se va difuminando en la memoria colectiva.  Pero no en la de los que presenciamos el insólito evento.  Es un sainete que se cuenta entre las cosas más inauditas en la larga y ancha historia de los campeonatos mundiales.  Entre cómico, absurdo, indignante, pintoresco, exótico, e increíble.


La FIFA emitió una resolución al día siguiente, declarando válido el resultado final del partido de fútbol, y reconociendo el triunfo francés por 4-1. Al mismo tiempo impuso una multa de 25 000 francos suizos a la Asociación de Fútbol de Kuwait por “conducta antideportiva”, y giró  una amonestación contra el jeque Fahid y los organizadores españoles en el estadio. En cuanto a Miroslav Stupar, la FIFA lo suspendió a perpetuidad como árbitro internacional, pudiendo actuar solo en torneos internos de la URSS.  Al día de hoy, nuestro zarzuelero árbitro tiene ochenta y un años de edad y goza de buena salud. Sopló pitos desde 1970 hasta 1990.  Se retiró del fútbol el día mismo en que moría Fahid Al-Ahmad Al-Yaber Al-Sabah.  Cosas de la vida…  Evoco todo esto con dulce melancolía, y una sonrisa que hace piruetas suspendida de las comisuras de mis labios.  Como diría Verlaine: “Recuerdos, recuerdos: ¿qué queréís de mí?”  

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